SUEÑOS

La historia se repetía una y otra vez Los hechos sin sentido se sucedían infinitamente. Sus ojos vacíos de toda intenión, encajados en un rostro inmóvil y pálido como la luna, parpadeaban en el mismo instante en que su corazón latía.
Todo le era incontrolable. Sus impulsos, que lo convirtieron en su sirviente, dominaban cada parte de su pequeño cuerpo impidiendo que su sonrisa floreciera, como en aquellos años donde su alegría tenía motivos para expresarse.
El ambiente, invadido por una atmósfera densa y pesada, transformó al aire, que se volvió escaso, en una sustancia viciada que se negaba a ser tomada.
Todo guardaba un orden meticuloso, cada objeto parecía tener su lugar correcto. Pero, él no creía lo que veía (parado en ese lugar observaba todo lo que lo rodeaba como si fuera extraño y desconocido).
El silencio se había ido, la soledad partió con otro rumbo porque ya no tenía a quien acompañar. El eco de los propios latidos retumbaban en las paredes. La paz estuvo de paso a decir por los hechos consumados.
La luz de su escritorio permanecía prendida, reflejándose sobre un manto de polvo blanco. El capítulo estaba abierto a la espera de ser tomado entre las manos de su dueño. El libro reposaba sobre la mesa junto con la pluma, ya manchada. Había terminado de cumplir su rito diario y monótono pero, pese a ello, necesario para alimentar la paz que su alma necesitaba (aunque ésta fuera momentánea y efímera).
Nada cambió como si el tiempo no diera señales y, de esa manera, su rutina se mantenía inalterable. Pasaron los días junto con las noches y todo siguió bajo un ritmo constante que no conocía el descanso ni la fatiga.
La pena lo atormentó diariamente, haciéndole presente lo latimoso de su pasado. Sus frustraciones se volvieron realidad alimentándose del tiempo e irresistibles de soportar. Se ensañaron una y otra vez, en hacerle recordar sus fracasos y sus equivocaciones.
Su inteligencia ya no reconocía su propia vida , ni descubriía los disfraces que usaba la fantasía. No podía diferecias sus ilusiones de sus decepciones porque todo lo parecía lo mismo. Era imposible, para su bébil voluntad detener la fantasias de esos sueños  que lo tenían como protagonista, y también, como esclavo.
Ahi, sentado sobre una silla, permanecía inmóvil. Respiraba en contra de su voluntad. Pensaba en nada porque sus recuerdos no lo remontaban a inungún pasado que reconociera como propiao. Vivía con la única y firme intención de esperar la llegada de la muerte.
Su mirada se mantuvo fija en eel punto donde lo indefinido le marcó la respuesta final a su interrogante: ¿estaba dentro de su último sueño o terminaba su cruel pesadilla? 

 

 

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