UN VIAJE ESTETICO (1996)


Eran las 23:30 de una noche llena de estrellas, con una leve brisa que movía las copas de los árboles como si se despidieran de algún ser querido, y con una luna llena de luz para iluminar aquellas curvas oscuras de los caminos.
Iba caminando hacia el avión cuando delante de mí vi una figura que caminaba de forma lenta y suave, con una elegancia propia de una princesa. Tenía una vestimenta tan fina que uno se quedaba admirado al verla e imaginaba cuánto dinero habría costado y que manos artesanales la habrían creado.
Aceleraba mis pasos para poder ver su rostro, pero sólo conseguí ver su cabello oscuro y lleno de brillo. Fue tal mi admiración que dejé caer mi equipaje al suelo y, junto con él, mi pasaje.
Este accidente provocó que la perdiera de vista y que frente a mí estuviera un hombre bastante feo pidiendo que le entregara el boleto para poder subir.
Subía las escaleras de un aeropuerto bastante iluminado, con una atmósfera que mezclaba el extraño aroma a ropa fina con el perfume de cada uno de los pasajeros que caminaban por ese pasillo interminable hacia el avión. Cuando encontré mi asiento intenté poner en el portaequipajes mis pertenencias, que no eran muchas, pero suficientes para poder llevar una vida alegre y llena de esperanzas.
Una vez cumplida la pesada tarea, me acomodé en el asiento de cuero oscuro pero de una suavidad comparable con un osito de peluche. Apoyé mi cabeza sobre el respaldo alto y firme del asiento. Cerré mis ojos para poder descansar luego de un día agitado.
Con mis ojos cerrados empecé a sentir una rica fragancia; de pronto, el sonido de una voz logró que los abriera abruptamente. Entonces, pude ver el hermoso rostro de esa figura que perdí por mi torpeza: unos ojos azules  tan profundos como el mar, unos labios pintados con una exactitud digna de una artista, una sonrisa que ilustraba la sinceridad de su persona y un cuerpo tan perfecto, tan armónico, que parecía una escultura y no una mujer.
Se sentó a mi lado, no podía creer que una persona tan bella estuviera cerca de mí. Durante todo el viaje la estuve contemplando como el niño lo hace frente a ese juguete soñado que reposa en la vidriera de una juguetería llena de luces.

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