EL LUGAR


El camino está distante. La ruta desolada, sobre el asfalto negro y caldente, es el lugar donde habita la soledad. Un espacio por el que ningún humano se atreve a transitar y los que se animan, lo hacen a una gran velocidad.
Mi mirada está puesta sobre ese punto infinito donde se alimenta la esperanza diaria por ver, nuevamente, aquel vehículo que trae noticias y personas de lugares lejanos.
La brisa se presenta como la compañera silenciosa, siempre dispuesta a oir las voces de las personas que charlan al aire libre aprovechando la ocasión para compartir unos mates endulzados por la amistad. Siempre trae novedades, algunas buenas cuando enfría la temperatura que tortura a cada ser vivo y, a veces, son malas cuando después aparece la tormenta para bañar en exceso cada lugar por donde ella pasa.
El sonido del canto de los pájaros se escucha como la bella melodía que la naturaleza regala con cada nuevo atardecer. Cuando el sol se va ocultando, detrás de las colinas que rodean este lugar, la sensación de abandono se agranda.
Todas las noches parecen iguales. La oscuridad hace su presencia junto con aquellas estrellas que habitan ese cielo que siempre nos mira y nos juzga por las acciones y, también, por las omisiones de todo un día. 
El silencio domina la escena. Ellos están callados sentados uno cerca del otro. Si respiración se hace sentir como si fueran palabras que no pueden evitar pronunciar. Sus ojos están perdidos en aquel horizonte que no tiene fronteras. Peros, sus manos se encuentran unidas, como aquel lazo que sostiene la eterna esperanza de mantener vivo aquello que está destinado a morir.
Las montañas se ven a lo lejos. Un horizonte que se muestra lejano cuando uno deja de caminar hacia él, se encuentra distante y exhibiendo, altanero, toda su figura. Ante cada paso las preguntas ¿Hacia dónde vamos? O ¿Por qué vamos hacia ese lugar tan oscuro y tenebroso?, surgen en mis oídos sin que pueda conocer la voz que lo dice, pese sl hecho de que me parezca familiar.
Un lugar, la ciudad, donde las luces son eternas y la naturaleza se encuentra modernizada por medio de distintas máquinas que aprendieron a convivir con el hombre. La mezcla de espacios se encuentra al caminar hacia lo natural, porque no hay luces no sonidos que permita imaginar que aquel lugar exista alguna fiesta.
La memoria se confunde con el pasado que avanza ante cada minuto que marca el reloj. Los ojos ven lo que sucede pero, no saben dónde. Las miradas giran buscando en los alrededores alguna explicación, pero no la encuentra.
-        -  Ese camino tiene magia”, fueron las palabras que se escucharon dentro del silencio que invadía todo el lugar.   
-        - No tiene sentido, son cosas de los pueblos…”, fue la respuesta arrogante que se escuchó de los labios de quienes vienen de la gran ciudad y creen conocerlo todo.
-     - “Pero esa ignorancia los hace olvidar que su pasado alguna vez pisó estas tierras”. Retumbó en la memoria y se guardó en el corazón de aquellos que han transitado por el mismo sitio.

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